La infancia de Arda Güler no fue nada fácil, ‘obligado’ a sacar adelante a su familia desde que tenía 13 años. Desde muy joven tuvo que emplear el don de jugar al fútbol con el que nació para «llenar la nevera», después de que la tienda de su padre quebrara y dado que su madre era ama de casa.
«No crecí en una familia rica. Crecí con una madre ama de casa y un padre que tenía una tienda de barrio que acababa de quebrar. Mi padre me llevaba en coche a entrenar y mientras él no estaba era su socio quien se encargaba de la tienda. No sé qué pasó, pero un día mi padre me dijo que teníamos que cerrar la tienda. Estábamos arruinados», recuerda Arda Güler en The Players Tribune. «La tienda era nuestra única fuente de ingresos. Recuerdo que mis amigos solían ir a comer gofres y yo no podía».
Las dificultades de la familia de Arda Güler
El futbolista turco reconoce que nunca pasó hambre, pero fueron momentos complicados: «No puedo decir que solo pensáramos en el fútbol, necesitábamos dinero (…). Por suerte siempre tuvimos comida en la mesa, sé que hay muchos niños que ni siquiera tienen un techo bajo el que dormir. En el fondo sabía que éramos afortunados», admite.

Poco después de aquello, le surgió la oportunidad de ir a Estambul a jugar con el Fenerbahce: «Sabíamos que era una decisión muy importante. Tenía 13 años y no querían que me fuera de casa. El día que salimos de Ankara, mi padre reunió a todos nuestros seres queridos. Era mi cumpleaños, pero mi madre lloraba sin parar».
Nunca olvidará la conversación que tuvo con su hermana mayor: «La conversación que más recuerdo fue con mi hermana. Justo antes de subir al coche me miró a los ojos y me dijo ‘Arda, tienes que llenar la nevera’. Llenar la nevera, esas fueron sus palabras exactas», recuerda.
Arda Güler, a punto de tirar la toalla en el Fenerbahce
Las cosas, sin embargo, no fueron bien para Arda, solo en la capital turca y ‘marginado’ por sus compañeros de equipo: «Unos meses después, quería volver a Ankara. Tenía ganas de renunciar a mis sueños. En el equipo me sentí más aislado, porque me subieron a la categoría de un año más. Y no me integraron en el grupo, me dejaron fuera. Un día simplemente me fui, ya no podía más».
Sus padres, viendo que lo estaba pasando mal, decidieron apostarlo todo a la carrera de su hijo: «No me atreví a decírselo a mi padre, así que le dije a mi compañero de piso: envíale un mensaje a mi padre diciendo que las cosas no me van bien. Funcionó. Después de ese mensaje, se mudaron a Estambul. Vendieron la casa y apostaron su futuro en su hijo pequeño». Una decisión que les salió muy bien.
Unos años más tarde, Arda Güler tuvo el premio de llegar a la élite y fichar por el Real Madrid, donde se ha convertido en uno de los futbolistas más prometedores del mundo. Una historia increíble que refleja cómo en ocasiones los sueños se cumplen.