El andaluz asume públicamente su fallo ante Osasuna en un curso marcado por la irregularidad y la falta de continuidad
Dani Ceballos no se escondió. Horas después del encuentro en El Sadar, el centrocampista acudió a sus redes sociales para reconocer su error en la acción que terminó decantando el partido. “Asumo mi responsabilidad”, escribió el sevillano en un mensaje breve y directo que fue bien recibido por buena parte de la afición.
El error llegó en el tramo final, poco después de ingresar al terreno de juego en sustitución de Arda Güler. Con empate en el marcador, una entrega comprometida permitió a Raúl García iniciar la jugada que acabaría en el tanto definitivo. La acción terminó esfumando toda posibilidad de remontada en los últimos minutos.
Una acción que pesa
La pérdida en campo propio obligó a Asencio a intervenir al límite para intentar corregir el desajuste. El atacante rojillo resolvió con acierto ante Courtois y dejó sin margen de reacción a los blancos. Ceballos no logró recomponerse a tiempo en la jugada y asumió de inmediato que su decisión había condicionado el desenlace.
El centrocampista reconoció el impacto de su intervención en un momento decisivo y optó por afrontar la situación sin excusas.
Ceballos y un curso cuesta arriba
El propio vestuario también arropó al centrocampista tras el encuentro. Son errores que forman parte del juego, especialmente en un equipo que asume riesgos constantes en la salida de balón. Dentro del grupo nadie señaló a nadie. Al contrario, el mensaje fue de respaldo hacia un futbolista que siempre ha sido valorado por su compromiso y su profesionalidad, incluso en los momentos donde el protagonismo no ha sido el esperado.
Porque si algo ha definido su etapa reciente es la falta de continuidad. Ha pasado de ser titular en tramos concretos del curso a quedar relegado a minutos residuales. La competencia en la medular es feroz y el margen de error, mínimo. Cada aparición se convierte casi en un examen inmediato. Y en ese contexto, una acción puntual puede condicionar la percepción global de su rendimiento.
No está siendo un año sencillo en lo individual. Las lesiones le frenaron cuando empezaba a encontrar ritmo y, cuando ha estado disponible, le ha tocado entrar en escenarios complejos, con partidos abiertos o exigentes donde cualquier detalle pesa el doble. No ha logrado encadenar encuentros que le permitan sentirse importante ni encontrar esa regularidad que necesita un futbolista de su perfil.
Aun así, dentro del cuerpo técnico valoran su capacidad para ofrecer pausa y criterio cuando el equipo necesita gestionar tiempos. Es un perfil distinto al de otros centrocampistas de la plantilla, más asociativo y menos vertical. El problema es que el contexto actual exige inmediatez, impacto directo, cifras. Y ahí la competencia le obliga a convivir con un foco constante.
El error ante Osasuna no define su temporada, pero sí refleja el momento delicado que atraviesa. En otro escenario, quizá habría pasado más desapercibido. En el actual, con el liderato en juego y la exigencia al máximo nivel, cualquier detalle se amplifica.