Eden Hazard ha vuelto a hablar sobre el episodio que, en su opinión, marcó un antes y un después en su carrera, señalando directamente la entrada de Thomas Meunier como el momento que frenó en seco su etapa en el Real Madrid, cuando asegura que se encontraba en plenitud física y preparado para triunfar en el Santiago Bernabéu.
El exinternacional belga, retirado en 2023, ha repasado aquellos meses con una mezcla de resignación y claridad, convencido de que su tobillo nunca volvió a ser el mismo tras aquel golpe en la eliminatoria europea ante el Paris Saint-Germain. “Estaba en muy buena forma”, insiste, desmontando la teoría de que llegó lesionado desde el Chelsea, club en el que ya había sufrido una fractura similar años antes pero de la que se recuperó sin secuelas aparentes.
El tobillo que cambió su destino
Hazard explica que aquella lesión no fue un problema nuevo, sino la reaparición de una vieja herida que parecía cerrada, ya que había padecido la misma fractura dos o tres temporadas antes en Inglaterra y había logrado volver a su mejor nivel, pero el impacto tras la entrada de Meunier reactivó el dolor y desencadenó una cadena de complicaciones que condicionaron su rendimiento.

Cuando parecía que empezaba a dejar atrás el calvario, sufrió otro contratiempo en el mismo tobillo frente al Levante, un episodio que, según reconoce, terminó por minar su confianza y su continuidad. “Ahí empezaron los problemas”, admite ahora, consciente de que nunca logró recuperar la chispa que le convirtió en uno de los futbolistas más determinantes de la Premier League.
Nunca quiso ser el nuevo Cristiano
El belga también ha querido matizar que jamás aterrizó en Madrid con la intención de ocupar el vacío de Cristiano Ronaldo, cuya sombra era alargada tras su marcha, ya que su idea era triunfar siendo fiel a su estilo y no competir con cifras goleadoras imposibles.

Hazard sostiene que llegó ilusionado, con la ambición intacta y convencido de que podía marcar diferencias, pero las lesiones le impidieron tener continuidad y mostrar su mejor versión. Hoy, con 35 años, analiza su carrera con serenidad y asume que aquel tobillo fue el punto de inflexión que cambió su historia en el Real Madrid y aceleró un final que nadie imaginaba tan temprano.