Noche triunfal para el técnico salmantino en un Santiago Bernabéu que volvió a deleitarse con el equipo después de varios meses
Álvaro Arbeloa vivió una noche de ensueño en el Santiago Bernabéu (6-1). Aunque en los prolegómenos se olisqueaba un sensación de incertidumbre tras sonar los tambores de guerra ante el Levante, el equipo respondió sin estridencias durante la visita del Mónaco al Paseo de le Castellana.
Vinicius eclosionó, Mbappé siguió con el punzón en la mano y el juego mejoró. La gente disfrutó. Al igual que un niño en un parque de bolas. La afición necesitaba un partido de este arquetipo. Sin sobresaltos y goleando. Así pues, el debut del técnico salmantino en competición europea fue excelso.
El técnico blanco tomó la palabra en la sala de prensa del coliseo madridista una vez consumida la victoria: «Estoy muy bien, muy contento e ilusionado como el primer día, pero estoy contento por los jugadores, por la afición, por el madridismo, por el club y por todo el mundo. Cuando tenemos una noche así la gente es feliz».
El que fuera recientemente entrenador del Castilla, pormenorizó que «quiero que mis jugadores disfruten. Me hice entrenador para ayudar a los jugadores con mi experiencia y sacar lo mejor de ellos. Les necesito contentos, con alegría y con la unión que han demostrado. Con todo eso vamos a poder luchar por todo».
Arbeloa acertó con el once colocado en liza, dio con la tecla correcta a la hora de las permutas e incluso hizo debutar al canterano Mesonero con el primer equipo. Cierto es que el Mónaco llegaba el encuentro en horas bajas, pero el Madrid escenificó una versión letal… máxime de cara a portería.
Los tres puntos cosechados frente al Mónaco sumergen aún más a la entidad blanca en el top-8. A falta del compromiso en Lisboa, el club de las 15 Copas de Europa tiene en su mano la posibilidad de concluir la liguilla en los puestos nobles de la clasificación. Algo que supondría un cheque directo a los octavos de final, declinando, por tanto, la ronda de playoff.