Los blancos hincaron rodilla con la cabeza alta en la final de la Supercopa de España
Nunca es fácil ingerir una derrota. Si el traspié acontece ante el eterno rival –y con un título en juego–, se hace aún más complicado de masticar. Sin embargo, la derrota del Real Madrid en la final de la Supercopa de España frente al FC Barcelona tuvo una lectura distinta.
Los discípulos de Xabi Alonso cayeron de pie. Sudaron tinta negra. Y, por consiguiente, el resultado pudo mutar en los últimos latidos de partido. Carreras y Asencio tuvieron la oportunidad de mandar el encuentro a la tanda de penaltis, algo que hubiera hecho justicia a lo visto sobre el terreno de juego.
Por momentos, el Barça fue una apisonadora. A pesar de ello, el Madrid supo colocarse la coraza y aguantar las acometidas del equipo de Hansi Flick. Cuando el huracán perdió fuelle, el cuadro madridista gozó de llegadas para transformar. Faltó un grado más de tino en pos de decantar la balanza a favor capitalino.
Vinicius se movió como cuchillo en mantequilla, Gonzalo cumplió con su tarea y futbolistas como el canterano Álvaro Carreras también dieron el do de pecho. En cambio, esta vez no acompañó la suerte en los minutos clave. El 3-2 se cimentó con un desvío –cargado de mal fario– por parte de Asencio.
«No estamos contentos con el resultado, pero podemos sacar cosas positivas. Hay que darle la vuelta lo ante posible, queda mucha temporada. Hay que pensar en la competiciones que tenemos y recuperar a gente», pormenorizó Xabi Alonso en la sala de prensa del estadio King Abdullah tras su primera final al frente de la nave merengue.
Antes del Clásico, la mayoría de vaticinios soslayaban las opciones de victoria del Real Madrid. Además… se olisqueaba la sensación de goleada. Al final, el terreno de juego reflejó una igualdad máxima. Tal y como confesó el preparador de Tolosa, la derrota servirá para sonsacar cosas positivas. La Supercopa estuvo cerca de acabar en las manos de Dani Carvajal.