Kylian Mbappé escogió la pelota por delante de la música, pero bien podría haberse dedicado a tocar la flauta, un instrumento que tocó hasta la adolescencia. El delantero francés, hoy estrella del Real Madrid, estudió solfeo de la mano de Céline Bognini, que aún hoy recuerda a aquel niño que se fijaba en todo y que tenía ganas de comerse el mundo. Desde los 6 hasta los 11 años, Kylian compartió su pasión por el fútbol con su pasión por la música, que aún mantiene en el día de hoy.
«He tenido muchos alumnos a lo largo de estos más de 10 años, centenares y centenares, pero de él me acuerdo perfectamente: No sé qué dijo o qué hizo, pero ese primer día de clase, recuerdo que me miró con esos ojos grandes y curiosos que tiene y entonces le pregunté: ‘Y tú ¿cómo te llamas?’, y él me respondió: ‘Me llamo Kylian’«, recuerda Céline Bognini sobre el primer día de Kylian en el conservatorio: «Había algo extraordinario en él, en el sentido estricto de la palabra ‘extra’ y ‘ordinario’, tenía algo fuera de lo común».
Mbappé tenía hambre desde niño, tanto en la música como en el fútbol
Aunque la flauta travesera se la enseñó a tocar otra profesora, François Ducos, fue Bognini la que le enseñó los secretos del solfeo. Aún conserva una foto que describe la personalidad de aquel niño: «Nadie me prestaba atención. Los niños estaban a lo suyo, dispersos, y él era el único que me estaba mirando fijamente. Esa foto muestra precisamente lo que es Kylian: una persona que, ya entonces, estaba enfocado, tenía apetito, tenía tantas ganas de aprender que es como si se bebiera todo lo que yo decía«.

La profesora de Mbappé agradece dónde el futbolista ha posicionado su ciudad natal: «Ha posicionado Bondy a nivel nacional, internacional y planetario, cualquier día los marcianos van a saber quién es Kylian. Yo soy un producto de banlieue, así que todos le agradecemos profundamente eso».
Mbappé no era el mejor con la flauta, pero «tenía algo especial»
Bognini confiesa que Mbappé no era el mejor en la música como en el fútbol, pero sí demostraba una cualidad por encima de todas las demás, la ambición: «Evolucionaba bien como el resto de los niños, pero no despuntaba por eso, sino por esa sed por aprender, por buscar… Eso es lo que le hacía especial. Destacaba por su manera de estar y no decimos esto porque se hiciera famoso, cuando era un niño ya llamaba la atención por ello».
Y además, es ejemplo de cómo se puede llegar a lo más alto desde un lugar como Bondy: «Siempre se ha expresado bien, es inteligente y accesible, llega arriba y se hace comprensible abajo. Es como el sol, que brilla para todo el mundo. Él ha puesto estrellas en los ojos de todos esos niños pequeños de barrio, que ahora saben que para ellos, también, todo es posible», finaliza.